Montse García dice…

Tenía un brillo de ojos diferente aquella tarde fría y húmeda. Tendida en esa cama que parecía ofrecerle un poco de cobijo, habían conseguido romper su coraza llena de subjetividad romántica. Ellos, marionetas movidas por un ente llamado sociedad, sin querer, habían podido sacarle un secreto que la tarde anterior había jurado guardar.

Su brillo de ojos, sentía temor, miedo a ese ente tan poderoso, miedo a la imagen reflejada que suelen ver las personas que no han tocado el corazón y sobre todo vergüenza, de ella misma, de no haber sabido negar la afirmación, de haber caído en la trampa de telas de una viuda negra que prometiendo guardarlo, no le da importancia y tarde o temprano utiliza para atrapar a alguien más. Ahora comprendía: la sociedad vive, se alimenta gracias a los prejuicios, gracias al aspecto, a las apariencias, hoobies y cosas diversas que ella marca. Sólo hay dos posturas, araña y presa, si te atrapan, intenta a la vez tejer una red para atrapar.

Aún revuelta entre sábanas deshechas, dos lágrimas de impotencia tiñeron de un color más oscuro la funda de la almohada. En ese mismo instante y seguido por un instinto, de esos que provienen de vete a saber donde pero que tienen la fuerza e intensidad de uno (o dos) huracanes, entró en la habitación. Ella, quieta, observaba cómo se acercaba al borde de la cama, le acariciaba el pelo y se estiraba a su lado. No dijo nada… pero con sólo su presencia le parecía el poema más bonito compuesto jamás. Recordó entonces un día anterior, en el que ciertas personas le reprocharon su forma de ser, le animaron a cambiarla y justo antes de ni tan siquiera planteárselo, el dueño de una mota de energía de la que tenía estirada justo al lado le preguntó: ¿Vas a cambiar una de tus mejores virtudes sólo porque no saben apreciarla, sólo porque el ciego ente lo ve como un defecto?

Dicho y hecho, abrió los ojos y vio y notó que quien estaba a su lado no era ni más ni menos que todas las personas que le importaban juntas, que todos los buenos momentos vividos, que esas tijeras de energía positiva que consiguen cortar la tela que atrapa y que toda la fuerza de voluntad necesaria para crear de nuevo una coraza.

Al abrir los ojos no estaba ya… sólo quedaba el perfume, la olor a seguridad y un calor especial que demostraba su efímera y a la par eficaz y tranquilizadora visita.

Montse García B1C

Published in: on febrero 20, 2008 at 8:45 pm  Comments (1)  

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  1. Montse cada día escribes mejor

    Carmen


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